11.8.12

Relatos de mi colección personal

Llevo años coleccionando relatos y todos estos fueron adquiridos de diversas paginas Web de la red muchas de ellas ya no existen muchas otras ya han sido modificadas o actualizadas


Mis secretos

Por Leonor

Soy una mujer de 28 años, casada hace dos años, con un niño de 1 año. Lo que les voy a relatar soy parte de mis vivencias, con relación a la sexualidad, al descubrimiento de ese mundo, a nadie se los he contado, son mis grandes secretos, como titule el relato, pero me decidí a contárselos a Uds.
El descubrimiento de mi sexualidad se remonta, a mi infancia, tendría aproximadamente 10 años, que yo recuerdo, cuando empiezo a descubrir, sensaciones, a descubrir mi sexo, al placer que sentía, a mirar a los del sexo opuesto. Una de mis primeras sensaciones la descubrí de dos maneras, una cuando íbamos de paseo al campo y nos daban paseos a caballo, el solo montarme a horcadas en el animal, sentía en mi vulva un cosquilleo que me gustaba mucho, una vez fue tanta la calentura que tuve que separarme del grupo y me fui detrás de unos árboles para masturbarme, yo creo que fue mi primer orgasmo, estaba montada en el caballo y mi órgano sexual rozaba con la montura, empecé un vaivén frenético, frotando mi sexo varias veces hasta obtener una sensación que partió de mi vulva y recorrió mi cuerpo como una corriente eléctrica, fue muy divino, después me puse nerviosa por lo que había hecho, mire a los lados por si me habían visto, después me volví a reunir con el grupo, la otra sensación la descubrí montando en bicicleta, el roce del asiento, con mi coño me daba mucho placer, una noche, me desnude completamente, y como mi bicicleta estaba en mi cuarto, me subí a ella, y empecé a frotar mi húmedo sexo contra el asiento, estaba vez fue mas pausado, porque estaba sola en mi cuarto, sentía como algo celestial se apoderaba de mi cuerpo, lo cierto que el asiento era el que producía tanto placer.
Mi primer contacto con el sexo opuesto, fue creo que mas o menos a la misma edad, que descubrí estas sensaciones, tenia un amiguito vecino de mi casa, menor que yo, pensándolo hoy en día, digo que yo era bastante atrevida, porque yo era la que iniciaba todos estos juegos, una vez estábamos jugando y de pronto me dieron ganas de orinar, simplemente me baje mi ropa interior , me levante la falda, abrí las piernas y solté el chorro ante la vista de el,
Esta sensación de mi sexo expuesto fue muy placentera para mi, después un día le baje los pantaloncitos y pude ver su pene pequeñito, era el primer pene que veía, creo yo, lo empecé a tocar con mi mano derecha y en segundos, estaba durísimo, por supuesto era como de dos centímetros, le empecé a dar besitos con mi boca, luego lo tenia todo en mi boca, lamiendo aquel minúsculo miembro, luego me le levante mi falda y le mostré mi coñito, me volteo y le pongo mis nalgas a la altura de su pene, y empiezo a restregarme, el órgano entraba en la abertura de mis nalgas, dándome una sensación caliente.
Otras sensaciones las fui descubriendo, cuando observaba mi sexo através del espejo y pude observar, como había una pelotita de carne que al tocarla de una manera, me daba un cúmulo de sensaciones placenteras.
Hubo un lapso de tiempo, en que me sentía avergonzada de mi cuerpo, y si antes lo mostraba ahora me sentía cohibida, la razón radicaba en que veía a mis primas y hermanas mayores, que se habían desarrollado y se ufanaban de sus grandes senos y sus pubis poblados, se burlaban de mi, me sentía disminuida, no entendía que yo era menor que ellas y no me había llegado la hora.
Como a los doce años, mis senos empezaron a crecer y mi pubis se empezó a poblar, y cambie totalmente mi forma de ser, con respecto a mi cuerpo, encontré de nuevo mi camino de la sexualidad.
Me empecé a interesar por los chicos, y a observar, lo que podía, recuerdo mucho, que una tía, tenia un lugar, una especie de tasca donde vendían bebidas alcohólicas, en ese lugar tuve mis primeros encuentros vouyeristas, cuando a través de un huequito que había en la pared del baño de los caballeros, me ponía a observar a los tíos orinando, esa fue una experiencia fascinante para mi y un descubrimiento, vi los penes de diferentes tamaños, colores y grosores, cuando andaba en eso sentía una calentura tremenda en mi bajo vientre.
Durante unas vacaciones de verano llego a mi casa un chico familiar lejano de mi madre, que andaba buscando ingresar a la universidad, y se iba a quedar un tiempo con nosotros, tendría unos 18 años, el chico en los primeros días, me miraba de arriba abajo, comiéndome con su mirada, esa situación no me gustaba, no me gustaba, porque he analizado eso con el pasar del tiempo, y me gusta tener el dominio de la situación, estar a la ofensiva y no a la defensiva. Un día no había nadie en casa, me dirigí a la cocina a buscar un vaso de agua, estando allí de pronto siento que me abrazan por detrás, era el chico, empieza a decirme cosas, forcejeo con el, la situación era aterradora para mi, de pronto logro zafarme de el y volteo hacia donde estaba, y vi que tenia el miembro fuera del pantalón, con su mano derecha, descubría el glande, estaba superexcitado, pero yo no estaba, con un miedo terrible, salí corriendo y me encerré en mi cuarto.
Fue el único encuentro de ese tipo con ese chico, pero lo que sucedió después, fue distinto, era una tarde calurosa de verano, y hacia mucho calor y decidí ducharme, fui hacia el cuarto de baño, me desnude y empecé a sentir como el agua abría caminos en mi cuerpo, rompiendo barreras, de pronto sentí como si alguien me mirara, y pude ver efectivamente, que por el ojo de la cerradura había alguien espiándome, eso me excito demasiado, el solo hecho de que estuvieran viéndome desnuda, me calienta, y aproveche el momento, para dominar la situación, empecé a masajear mi cuerpo, a tocar mis nalgas, mis senos, mi sexo. Esa noche en la oscuridad de mi cuarto, pensando en la escena del baño, me masturbe con locura hasta alcanzar niveles celestiales.
Nuestros contactos a partir de ahora fueron vouyeristas, porque yo también estaba pendiente cuando el chico se duchaba para espiarlo,
Una de las tantas veces que lo vi duchándose, me sentía súper excitada, ver su cuerpo desnudo, enérgico, voluptuoso, sensual.
Tuve cuando tenia quince años una experiencia, que ha sido la única de ese tipo, fue un encuentro con una chica, compañera de mi curso en la escuela, siempre estudiábamos juntas y nunca había pasado por mi mente, pero fue un encuentro fortuito, casual, un día que estudiábamos, ella tuvo que quedarse en mi casa y cuando nos fuimos a acostar, sucedió lo imprevisto, ella se empieza a desnudar para ponerse la ropa de dormir, y por primera vez veo su cuerpo desnudo, era muy blanca, tenia unos senos grandísimos, su sexo estaba muy poblado, aquella visión despertó en mi sensaciones que desconocía. Se puso un camisón para dormir, como había una sola cama, la mía, teníamos que dormir juntas, al acostarnos, sentí su calor cerca de mi, nos dormimos, y como a las horas, de pronto me desperté, porque sentí la mano de mi amiga puesta en mi sexo, la miro y me dijo quiero verte el coño, me quito mi ropa de dormir y quedo desnuda en la oscuridad de mi habitación , ella también se quita la ropa, y veo su cuerpo desnudo, con la poca luz que entraba al lugar, empiezo a tocar sus senos, que eran como dos colinas, coronadas por un pezón rosadito, chupo esos pedazos de carne ardiente hasta la saciedad, mientras mi amiga, con su mano frotaba mi clítoris, del que salían chispazos de energía, cambiamos de posición y mi boca se va hacia su sexo, abro camino entre sus vellos, y encuentro sus labios mayores abultados, hinchados, a punto de explotar, descubrí la dulzura de esa vulva virginal, probé esa miel varias veces, fue una noche de locura y desenfreno sexual.
A la mañana siguiente nos levantamos y ella estaba como apenada por lo que había sucedido la noche anterior, me dijo quiero que eso quede como un secreto entre las dos, pero yo no quiero volver a hacerlo, así fue, después de ese año juntas por el estudio, decidió irse de la ciudad y mas nunca he vuelto a verla.
A los 17 años, tuve mi primera relación completa con un chico, ocurrió una vez que fuimos de excursión al campo, un grupo de chicos y chicas, compañeros de clases, el chico era mi novio de ese tiempo. 

Peliculas (Especial Cornudos)

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10.8.12

Relatos de mi colección personal

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La lección de Gabriela
Por Enrique Tonelli
 Esta es una historia real. Tengo 40 años, y soy de esas personas que tienen al sexo presente en cada momento de su vida, o sea que en mis relaciones con los demás, siempre busco y encuentro algo que lo relacione con el sexo y se hace todo mucho más placentero. Al poco tiempo de mudarme a otro departamento en el barrio de Belgrano en Buenos Aires, fui nombrado en el consejo de administración del edificio. Ese cargo lo compartía con dos mujeres maduras. Una de ellas, Blanca, era demasiado mayor y para ser honestos no tenía ningún atractivo. La otra, Patricia, era menor y aunque siempre iba sin demasiado arreglo, se veía que por debajo de esa apariencia escondía algunos encantos. Nos reuníamos un día de la semana a la noche en casa de Patricia, generalmente, y yo empecé a percibir como ella con cualquier pretexto se sentaba cada vez más cerca de mí y hasta me rozaba con la mano o la pierna en cada ocasión que se presentaba. Al principio yo no prestaba atención a estos detalles, pero poco a poco fue despertándose en mí ese conocido cosquilleo que nos produce la sensación de advertir estos gestos y empezar a provocarlos y disfrutarlos en silencio. Me olvidé de decir que yo vivo con mi actual pareja y que Patricia era divorciada y vivía con su hija Gabriela de 15 años. Si bien al principio me molestaba bastante esto de las reuniones, con el tiempo empecé a convocarlas yo, y así poder avanzar cada vez más con el asunto. Un buen día, o mejor dicho una buena noche, terminamos de hablar los temas del edificio y Blanca se marchó. Yo me demoré un poco (ahora ya premeditadamente) y Patricia me ofreció otro café que acepté. Estábamos tomándolo cuando me dijo que tenía que hablarme de un tema muy personal. Dio algunas vueltas y al final me confesó que temía por la iniciación sexual de Gabriela, su hija adolescente, y que había fantaseado con la idea de que su hija conociera a una persona madura que la iniciara en la vida sexual sin los traumas o malas experiencias que otro adolescente inexperto o poco comprensivo y cariñoso podía causarle. Después, no sin antes advertirme que pensaría que estaba loca, me confió que le gustaría mucho que yo asumiera ese papel. Admito que la propuesta me inquietaba bastante, pero al mismo tiempo me empezaba a poner muy excitado pensando en la muchacha, que no está demás decirlo, tenía un cuerpo verdaderamente inquietante, con pechos turgentes, caderas que ya empezaban a insinuar curvas muy excitantes, piernas torneadas y un culito que cuando usaba pantalones, hacía dar vuelta a más de uno por la calle. A todo eso, debe agregarse que yo había encontrado varias veces a Gabriela en el ascensor y en uniforme escolar. Muy desenvuelta, con cara inocente y cierta malicia ante un señor que podría ser su padre o sea yo, cierta vez quejándose del calor reinante levantaba un poco su pollerita y la sacudía ventilando el aire y esparciendo un aroma que mezclaba el de su piel, sus zonas más íntimas y el perfume que usaba, y que al mismo tiempo dejaba entrever sus muslos justo hasta el borde de una pequeña bombachita que ocultaba muy poco los bordes de sus labios vaginales florecientes. Por todo eso yo ya estaba muy caliente y casi sin darme cuenta estaba tomando a Patricia de la mano, cuando ella me miró quizá adivinando todo y con una miradita entre cómplice y excitada también por la idea me insinuó que lógicamente, ella tenía que conocerme mejor. Creo que se refería a otras cuestiones como la personalidad, costumbres, y otras tonterías, pero yo ya estaba lanzado y soltando su mano deslicé la mía por debajo de su pollera hasta tocar el elástico de su bombacha. Ella estaba callada y hasta un poco sorprendida por mi decisión, pero no solo dejó hacer sino que esa fue la señal muda para que continuara, y así llevé tres dedos por debajo de la prenda hasta tocar los pelos que cubrían justamente la entrada de su vagina, que ya estaban bastante húmedos. Indudablemente, los años de divorcio habían pasado en veda, así que Patricia prometía un muy buen momento. Deslicé uno de mis dedos y lo introduje directamente en su vagina, despacio, sintiendo los pliegues mojados, el clítoris, y la línea descendente hasta su culito que estaba ahora sí toda bañada de sus flujos. Patricia empezó a respirar entrecortadamente y echó la cabeza hacia atrás en clara señal de que estaba preparada a gozar con todo aquel momento. Con suavidad saqué mi mano de su entrepierna, me abrí el pantalón, y coloqué su mano sobre mi pija que obviamente ya estaba bastante dura y palpitante, y esperaba el mágico contacto de la mano femenina para estar a tope. Mientras ella me acariciaba el capullo y comenzaba una lenta paja, yo empecé a lamer y mordisquear sus pezones que como pensaba, estaban ocultos debajo de la ropa y eran mucho mejores de lo que podía verse. Lentamente nos paramos y fuimos a su habitación, ella se tiró sobre la cama como estaba, con el corpiño levantado y sus tetas al aire, la bombacha bajada a media pierna y la pollera apenas cubriéndole los pelos del pubis, o sea, una imagen excitante y tentadora a todos los vicios imaginables. Con suavidad le abrí las piernas y me dediqué a darle lengüetazos en la vulva y el culo, acompasados y profundos, mientras con una mano jugueteaba con sus pezones absolutamente parados y duros. A esta altura yo había olvidado que la intención de Patricia era cruzarme con su hija, pero después me daría cuenta que ella había calculado que Gabriela podía llegar en cualquier momento. La calentura del momento hacía crecer mi morbo e imaginación, así que no quise limitarme a empalmara y nada más, por lo que empecé a arrimar mi pija hasta el borde de su culo y lo apoyé firmemente. Le pedí crema para el cuerpo, porque sus flujos no alcanzaban a lubricar convenientemente la entrada de su hermoso culo, se levantó, fue hasta el baño y volvió con el pote. La lubriqué bastante y empuje de a poco. La pija me dolía más por la calentura que por la presión de su esfínter, pero sin pensar en nada más hice presión y penetré bastante en su caliente ano dando bombazos que hicieron que no pudiera contener un aluvión de leche que se venía. Ella se dio cuenta y con suavidad pero rápidamente se dio vuelta, tomó el miembro con las dos manos, se lo llevó a la boca, y con algunas pocas chupadas hizo que me viniera en una forma increíblemente gustosa dentro de su boca, mamándose la leche de a tragos y pasándose la lengua por los labios para terminarse hasta la última gota. En eso escuché al final del pasillo unos pasos, era Gabriela. Se quedó dudando en la puerta entreabierta de la habitación que poco iluminada no le dejaba ver bien el espectáculo. Cuando su vista se acostumbró a la tenue luz y distinguió las siluetas de su madre y la mía, sin mayor sorpresa dijo:
- mami... todo bien?.
- Patricia sin demasiadas explicaciones le contestó:
- sí, vé a tu cuarto que ya voy.
Pasó un tiempo en que me fumé un cigarrillo tranquilo y la puerta se volvió a abrir. Patricia tenía una remera corta sin soutien y se había cambiado la bombacha por una más pequeña y metida en la entrepierna. Gabriela, llevaba un camisón corto de seda y aparentemente nada más debajo, ya que sus firmes pezones se marcaban claramente y cuando caminaba, la entrepierna dejaba adivinar la mata de pelo floreciente de su pubis. Se sentaron una a cada lado y sin decir palabra Gabriela se acercó a mi boca y me besó suave y cálidamente. Eso provocó en mí una mezcla de calentura y pasión inexplicables y por supuesta le devolví el beso con mi lengua que rozaba sus dientes y labios. Patricia tomó la mano de su hija y la puso suavemente encima de mi pija, como comenzando una lección callada. Ante mi sorpresa Gabriela no dejó su mano quieta, todo lo contrario, comenzó a explorar con sus dedos mi anatomía, acariciando los huevos y acompañando el nuevo crecimiento de mi pija con una lenta masturbación. Con su otra mano, levantó un poco el camisón y comenzó a frotarse la entrada de su vagina lenta pero calientemente. Me dijo que quería aprender a "besar" a un hombre y que su madre le ayudaría. Yo por supuesto aceptaba todo calladamente mientras mi excitación era ahora mucho mayor que unos minutos antes. Sin decir palabra, Patricia puso su boca en mi pene y sin dejar de mirar a su hija iba sorbiéndome mientras Gabriela trataba de imitar con su boca en el aire los sabios movimientos maternos. En un momento, Patricia dejó lugar a su hija en la tarea, y la adolescente probó lo que iba aprendiendo. Me chupó en una forma que no podría describir exactamente, porque era terriblemente excitante ver su aspecto casi aniñado agachada sobre mi entrepierna y sentir esos labios carnosos e inexpertos atrapando y mojando la cabeza de mi pene con un leve roce de sus dientes, que todavía no sabía manejar con destreza. Casi vuelvo a acabar pero me contuve y fue donde teniendo a mi alcance el resto del cuerpo de Gabriela, me acomodé justo en su entrepierna en un hermosos 69 y empecé a hacer lo mío. El aroma de la entrepierna de Gabriela era indescriptiblemente hermoso y excitante. Virgen y mojada, su pelvis se contraía en un movimiento leve pero armonioso buscando explotar en algún momento. Para mi sorpresa dejó de mamarme y dijo casi con vergüenza:- necesito hacer pichi.
Y se metió en el baño. Pasó un tiempo en que seguí jugando con Patricia, que terminó el trabajo que Gabriela había dejado inconcluso, pero más experimentada, sacó buena cantidad de leche a mi pija rápidamente y se la tragó. Yo no podía dejar de pensar en Gabriela orinando en esos instantes, y para colmo había dejado la puerta del baño entreabierta por lo que llegaba claramente el ruido de sus líquidos cayendo en el water. Me levanté, y entré al baño en el preciso momento en que Gabriela seguía sentada en el inodoro pero tenía sus manos metidas en la entrepierna. Temerosa de terminar lo empezado en la cama, había decidido ella misma provocarse un orgasmo masturbándose sentada en el water.
Me acerque muy despacio y agarrándole con suavidad las manos seguí con las mías los movimientos que había interrumpido, pasando mis dedos muy suavemente por los bordes de la entrada a su rosada vagina hasta notar que comenzaba a jadear con delicadeza primero y luego más rápido y ostensiblemente. Aproveché ese momento para sentarme en el borde de la bañera y acercarla hasta mí y hacerla sentar en mis rodillas mirando hacia la pared, para mitigar un poco su vergüenza. Muy suavemente incliné su torso y en ese momento noté que casi instintivamente ella buscaba con su concha mi verga que ya estaba otra vez endurecida, aunque ya no con la firmeza de momentos antes. Entró fácilmente hasta la cabeza por la misma lubricación de Gabriela, quien para este momento ya estaba francamente entregada a disfrutar de ese doloroso placer. Besé su cuello y su espalda para que se sintiera mejor, pero yo verdaderamente estaba en la gloria. Cuando terminamos después de una acabada mía que sorprendió a Gabriela por no haber sentido nunca antes esa sensación tibia dentro de su conchita, nos quedamos abrazados unos minutos, hasta que Patricia entró silenciosamente trayendo unas toallas y bebidas frías para los tres. Bebimos callados, agotados y felices hasta que me levanté despacio y me vestí. Antes de dejar el departamento le Pregunté a Patricia:

- Cuál era el problema de filtraciones en el 3º A.?
Ella sonrió cómplice y me dio un beso muy suave en la boca. Detrás suyo apareció Gabriela que me miraba con cariño e imitó a su madre, pero con un beso suave y caliente en la comisura de mis labios, muy cerca de la boca. Sin decir más cerré la puerta y me fui con esas imágenes a mi casa donde mi mujer ya dormía dado lo avanzado de la hora. Solamente se movió en la cama y con voz adormilada preguntó:
- Cómo estuvo la reunión?
- Bien, verdaderamente muy bien. Dije y seguí repasando las imágenes en mi mente hasta que agotado y feliz me quedé dormido.

Gif

Fuente: La Web













9.8.12

Relatos de mi colección personal

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Experiencia familiar

Por T. Grand
 Esta historia que os voy a contar es real; sucedió en una Semana Santa y sigo excitándome muchísimo cada vez que la recuerdo. Veréis; me llamo María, tengo 41 años y estoy casada desde hace veinte. Tengo una muy buena comunicación en mi pareja, queremos introducir en nuestra relación esos acicates que la hacen siempre distinta y sorprendente, y por ello siempre fantaseamos con la posibilidad de poder incorporar a otra persona en la relación, pero ni pasábamos de ahí, ni hubiéramos sabido cómo ponernos en contacto con quien estuviera en la misma onda; quizás nos diese corte, o no sé muy bien porqué, pero lo cierto es que no habíamos llegado a traspasar el umbral de la pura fantasía, eso sí echando unos polvos impresionantes "actuando" nuestras fantasías.
Esa Semana Santa nos fuimos con mi cuñado y su mujer a un lindo pueblo de Portugal. La playa era espléndida y estaba casi vacía; tanto, que aquella mañana le propuse a la mujer de mi cuñado que hiciésemos topless. Charlábamos tranquilamente tomando el sol cuando llegaron su marido y el mío. Ni nos inmutamos, aunque sí creo que ellos se quedaron bastante sorprendidos. Como quien no quiere la cosa y dando la impresión de la más absoluta normalidad, nos fuimos a dar un paseo por la orilla del mar. Mi marido y su hermano llevaban gafas de sol, pero estaba segura de que mi cuñado no dejaba de recorrer mi pecho con la vista. Nos metimos en el agua, pero como la encontré muy fría salí y me tumbé boca abajo en la toalla a tomar el sol. Mi cuñado no descuidó la oportunidad y amparándose también -creo yo- en que el agua estaba fría, salió enseguida y se sentó a mi lado. Algo me había picado en la espalda y como no dejaba de rascarme, mi cuñado se aproximó solícito para ver qué tenía ... Yo seguí en la misma posición, boca abajo y con los brazos debajo de la cabeza. "Te ha picado algo y tienes una buena roncha. Espera que te pongo un poco de crema", dijo.
Se llenó las manos de crema y se dedicó con esmero a extenderla por mi espalda, rozándome levemente el pecho cuando la extendía por los lados. Me dio un gusto enorme. Después se lo comenté a mi marido porque, la verdad es que a me había excitado mucho que otro hombre hubiese estado cerca de mi pecho. "¿Qué te parecería mi hermano en caso de que llevásemos a cabo alguna fantasía?", preguntó mi marido. Habíamos jugado tantas veces a que mi marido era él, que me pareció lo más natural decirle que me parecería muy bien.
Al día siguiente volvimos a la playa. Mi cuñado buscó el momento y me dijo, "¿te pongo crema?". Creo que lo estaba deseando y le dije inmediatamente que sí. La cosa fue "más completa", porque sus dedos ya buscaban mis pezones descaradamente; aunque me dejaba hacer, o quizás por ello, notaba que me estaba poniendo colorada y como me estaba "mojando" y es que, sin duda alguna, me estaba gustando. Nuestras respectivas parejas estaban dando un paseo por la playa y aprovechando la coyuntura de que estábamos solos, mi cuñado me dijo, "¿te pongo crema por delante?". No respondí inmediatamente, pero tampoco me demoré mucho es responder, "muy bien, ahora por delante". Me di la vuelta y me tumbé boca arriba con los ojos cerrados.
Hasta que llegaron a rozarme los pezones, sus manos parecían de seda; a partir de ahí su dedos se volvieron casi agresivos. Sin dejar de controlar el paseo de su mujer y de su hermano, y aprovechando que la playa estaba medio vacía se inclinó y su boca comenzó a chupar mis pezones. No podía creer lo que estaba pasando. Haciendo un esfuerzo le dije, "para, estás loco o qué?". La respuesta la dieron sus labios, que pasaron de mis pezones a mi boca, en donde introdujo su lengua y la recorrió entera.
Estaba casi derritiéndome cuando añadió, "ésto tenemos que acabarlo, no podemos dejarlo así; y no me digas que a ti no te ha excitado, porque no me lo creo, lo he notado en tu respiración". "Claro que me has excitado -dije- y claro que quisiera continuarlo y lo podremos terminar, pero con una condición, esta noche, después de cenar, creamos un ambiente idóneo entre los cuatro y hacemos un intercambio de parejas. ¿Qué te parece?. ¿Te atreves?".
"Uf, muy fuerte, tu. Muy fuerte", dijo con un respingo. "Si te atreves, insistí, convence a tu mujer, que yo hablo con mi marido".
Me di cuenta que me había pasado; aquello era impensable, porque aunque yo sabía que a mi marido su cuñada le hacía gracia, que pensaba que tenía un buen polvo y que siempre decía que estaba muy bien, no sabía como reaccionaría ella, claro que a mí eso no debía importarme; ya se ocuparía mi cuñado. Cuando llegaron de dar el paseo, le dije a mi marido que si nos íbamos a bañar. Le sorprendió y hasta dijo que estaba muy fría el agua, pero me acerqué a su oído y le dije, "con lo que te voy a contar... te vas a poner tan caliente que no creo que vayas a notar la temperatura del agua".
Efectivamente, aunque el agua estaba fría, su miembro amenazaba con salirse del bañador de la erección que tenía. Como me imaginaba, la idea le gusto un montón y me dijo que ayudaría a crear ambiente. A partir de que salimos del agua empezaron los juegos verbales, y algún que otro roce más o menos inocente. Después de comer yo me quedé tomando el sol en la piscina y perdí de vista al resto. Al cabo de un rato apareció mi marido, y empezamos a charlar y a meter un poco de mano hasta que nos fuimos a la habitación. Por fin llego la hora de la cena, y al terminar mi cuñado dijo que podíamos ir a su habitación a ver una película. Subimos todos a su cuarto y mientras ponían unas copas, mi cuñado me dijo al oído, "mi mujer está al 75%, el resto es obra de todos". Aquello me hizo gracia. Pusimos música y mi marido y yo comenzamos a bailar bien apretado; al cabo de un rato mi marido -de acuerdo con su promesa de ayudar a crear ambiente- dijo en alto, "hagamos cambio de parejas"; su hermano dijo rápidamente que a él le parecía muy bien y cuando su mujer quiso reaccionar estaba bailando ya con mi marido y yo con el suyo. Comenzamos a bailar con la pareja del otro y más apretados de lo que hubiera parecido normal. Mi respiración era muy agitada porque además de bailar muy juntos, mi cuñado me pasaba la mano por la espalda mientras me rozaba la oreja con sus labios; yo me dejaba hacer y me pegaba aún más. Mi marido estaba haciendo lo propio y su pareja también se dejaba.
Pasamos a ver la película, porno, como no, con lo que acabamos de ponernos a cien. Tanta era la excitación que fui un momento al baño, y al volver mi marido estaba besando en la boca a mi cuñada sin importarle la presencia de su hermano. Al terminar el beso dejaron su baile y se fueron a tumbar más cómodamente a la cama. Les ví desnudarse el uno al otro y comenzar a acariciarse sin recato alguno. Mi cuñado y yo volvimos a bailar y a besarnos incansablemente mientras metía sus manos por debajo de mi top, acariciándome casi frenéticamente el pecho. No tardó mucho en quitarme el top y en llevarme de la mano hasta el sofá en donde nos tumbamos comentando que nuestras parejas ya nos llevaba ventaja, porque mi cuñada, con los ojos entornados, montaba ya a mi marido, que la tocaba por todas partes mientras se movían intensamente.
Sin dejar de besarme, mi cuñado me fue desnudando, y yo al él. No tardamos mucho en necesitar una cama, por lo que visto lo que había, nos acomodamos en la que ocupaban mi marido y su cuñada. Allí empezamos a vivir alguna de nuestras fantasías, porque mientras mi cuñado buscaba mi clítoris con su lengua, mi marido me obsequió un beso grandioso. Al cabo de un rato fui yo la que me puse encima de mi cuñado y, devolviéndole las caricias, le fui lamiendo todo; a duras penas pudo aguantar cuando me metí su miembro en la boca y me lo iba comiendo como un helado. Casi estallaba de gusto cuando cambiamos y él se puso encima; subía y bajaba con unos roces que cada vez me excitaban más... pero aún no me había penetrado. Lo hizo al oír a su hermano decir "así, así, sigue"; el ritmo se hizo entonces cadencioso y acompasado; entraba y salía de mí sin parar, estaba a punto de llevarme al cielo... y el ver como a mi marido -al que nunca había visto con otra mujer- le estaban haciendo una mamada grandiosa mientras, con los ojos cerrados, sujetaba con las manos la cabeza de su cuñada, me hizo correr. Con lo que estaba viendo casi no me di cuenta de que mi cuñado me había puesto a cuatro patas y me había penetrado, a la vez que su mano subía y bajaba por mi cuerpo, como si me estuviera poniendo crema; cuando me dijo, "me vas a correr, cuñada, me vas a correr", me invadió un nuevo orgasmo. Quedamos tumbados viéndoles a ellos, mi marido la estaba penetrando desde arriba, se movían con frenesí y me acerqué a ellos, dándole un beso y acariciando su miembro como acompañando la entrada en la vagina de mi cuñada, hasta que mi marido y su cuñada se corrieron. Otro día os contaré el resto, pues la experiencia no acabó ahí. 

Pelicula


Bueno como participo de varias listas y foros recibo mucha información y aquí algunas películas para disfrutar.
Aclaro esto ya que es imposible citar la fuente puesto que en estos sitios este materia es linkeado de otros sitios



8.8.12

Relatos de mi colección personal


Llevo años coleccionando relatos y todos estos fueron adquiridos de diversas paginas Web de la red muchas de ellas ya no existen muchas otras ya han sido modificadas o actualizadas
 Placer anal: un nuevo universo a tu alcance.
Manifiesto de un heterosexual
Por Halcón
 ¡Hola!
Todo lo aquí narrado es completamente cierto y va dirigido tanto a mujeres como a hombres, aunque animo especialmente a estos últimos a realizar las prácticas que describo, pues suelen ser más reacios a ello.
Permitidme que me presente. Me llamo Luis, tengo27 años y me considero heterosexual de la cabeza a los pies, además siempre me he definido como liberado y liberal. Para que nadie se llame a engaños he de decir que mido 1,76, peso 70 lilos, soy castaño, más bien guapo y con un cuerpo fibroso y musculado consecuencia del deporte amén de ser extrovertido, un romántico empedernido y gusto a las mujeres pues según ellas mismas “sé cómo hablarle a una mujer”; he tenido varias novias a cada cual más guapa .
¿POR qué os cuento todo esto?, bueno para que no vayáis a pensar que soy el típico bicho raro, tímido y horroroso del que pasan todas las tías.
El tema del que quiero hablaros es: el Placer Anal en la masturbación; tema tabú para la mayoría de los hombres, por asociarlo indefectiblemente a la homosexualidad, nada más absurdo cómo descubriréis a continuación.
Voy a explicaros cómo lo descubrí. Espero que os guste, y animo a los/las valientes a seguir mis pasos si quieren descubrir todo un nuevo universo de placer que tienen ahí mismo al alcance de su “mano” o de otras cosas( si ya lo conocéis simplemente leed el relato y disfrutadlo).
He de confesar que siempre he sido un aficionado al cine porno, y mis escenas favoritas eran las penetraciones anales a las mujeres y la masturbación anal de éstas con cualquier tipo de juguetes, ya que parecía algo muy placentero. De hecho tan placentero me parecía que poco a poco se fue fraguando en mi cabeza la idea de probarlo en mis juegos masturbatorios. Para colmo, escuchando una noche un programa de radio en el que la gente llama para contar sus cosas, llamó un chico diciendo que le encantaba meterse zanahorias por el culo , que disfurutaba muchísimo y que para nada era gay o similares (conste que no tengo nada contra la homosexualidad masculina o femenina, la respeto pero yo difruto más de la heterosexualidad. Quizás algún día sea diferente pero hoy por hoy, no). Llamó mucha gente para ponerlo  parir, pero a mí la idea me hizo gracia y entre eso y lo de la película, empezó a rondarme la idea de probar con un dedo o con algo.
Finalmente no aguanté más y un buen día salí de la ducha totalmente desnudo y con un empalmazo monumental y decidido a probar ( tendría de aquella unos 20 años). Me senté a cuatro patas sobre la alfombrilla del baño y lubrifiqué mi dedo índice derecho con gel de ducha, bajé la cabeza apoyando mi mejilla en el suelo mientras notaba mi pene colgando ardiente y apunto de estallar, y entoces me llve el dedo hacia al culo y empecé  a deslizarlo en el interior de mi ano... ¡dios!, fue fantástico, ¿era eso lo que sentían las mujeres? ¡Y pensar que algunas mojigatas no querían ni oir hablar de ello!, -deberían probarlo y luego ver si opinaban lo mismo-, me dije. Pronto cambié de postura, me tumbé sobre mi espalda, levanté las piernas como para dar una voltereta hacia atrás, y con la izquierda agarré mi pene que seguía rojo e hinchado y comencé a masturbarme mientras metía y sacaba mi dedo lubricado de mi ano. Me parecía que mi polla iba a estallar de un momento a otro, estaba gozando como nunca y evidentemente mi miembro no tardó en escupir su leche caliente sobre mí... fue maravilloso. Creo que permanecí tumbado, sudoroso y empapado de leche durante  una eternidad sobre la alfombra, era como si el tiempo no pasase, había sido tan bueno o mejor que el ansiado primer polvo. Parecía como si se me hubiesen abierto las puertas del paraíso y el placer llenase mi cuerpo. Ni que decir tiene que los días siguientes seguí repitiendo la escena y cada vez era más placentero, pues poco a poco iba descubriendo mi ano y las sutilezas de explorarlo, era como domar un potro salvaje que vas domando hasta convertir en un precioso semental que te obedece suavemente. Iba probando con bolígrafos, lápices, untándolos en vaselina y deslizándolos en mi interior en un lento o rápido mete y saca de lo más placentero, cada vez más adentro pero siempre con mucho cuidado. Me encantaba especialmente usar mi propia saliva como lubricante (nunca se me había ocurrido usar mi propio semen, pero recientemente he leído sobre ello y tendré que intentarlo).
Un Pasado un año me compré un vibrador, ya que sentía curiosidad por ver cómo eran y evidentemente podía darle uso. La primera vez me costó un poco metérmelo pese a que a que había comprado lubricante en el sex shop, y creo que debo tener un poco de alergia al látex, pues en esa y las demás ocasiones me producía un pequeño escozor en el exterior del ano, pero que incluso llegaba a ser agradable. Tras varios intentos y tras ir dilatando el culo unos minutos, entró la cabeza, es decir “la puntita”, como si mi agujero la absorviese (esa absorción es precisamente de lo más placentero, probad y lo comprobaréis. No hay dolor ninguno y la ventaja de la masturbación anal es que al estar solo tú lo decides todo. Animo a las mujeres que tengan miedo a tener sexo anal con sus novios, ligues o lo que sea, que prueben primero solas y se aficionen, y luego les sorprendan... ya me contaréis). Poco a poco fui empujándolo más y sacándolo un poco, para meterlo más profundo, siendo cada vez la sensación más intensa, y por fin llegué a todo lo que deba. Apenas si me podía contener para no correrme inmediatamente. Entonces le di al mecanismo vibrador con cierto temor, y de repente un delicioso hormigueo recorría mi interior haciendo que en apenas unos segundos me corriese. Sólo de pensarlo y recordarlo se me pone la polla como una piedra.
No obstante y pese al placer que me proporcionaban, acabé abandonando esas prácticas hacia los 22 años, pues creía que disminuían mi hombría, era como si me sintiese menos hombre; llegando a pensar incluso en sí sería gay, pero sin embargo era y es del todo imposible, pues sólo en pensar en darle un beso a un hombre me dan arcadas, y además no sabéis hasta que punto me encantan las mujeres y todo en ellas: sus deliciosas tetas, su cintura, caderas, un bonito coño arreglado ( totalmente depilado o con poco pelo ya es el éxtasis), su culo, su melena cayendo sobre la espalda y agarrarla de ella mientras follas; el sabor de sus jugos, su cara, sus risas, su inteligencia... como véis, soy un enamorado de las mujeres.
Dos años después, viendo unas películas porno, descubrí que a Rocco Sifredi no sólo le encanta taladrarse analmente a las mujeres con su enorme miembro, sino que además le encantaba que éstas le comiesen el culo (que tiene, por cierto, totalmente depilado, tema del que hablaré luego) y le pedía a una tía que le metiese el dedo en el culo, cosa que ella hacía y a Rocco le encantaba (de un dedo a otros objetos ya sólo es cuestión de dimensiones). ¿Alguien piensa por lo más remoto que Rocco sea maricón?, aquello era casi como una licencia para matar, y la confirmación definitiva de que te puede encantar  la masturbación anal y ser completamente hetero.
Evidentemente eso me hizo retornar a mis viejas prácticas y retorné a ellas, siendo aún mejor de lo que recordaba, se puede decir que me hice vegetariano, pues volví a catar zanahorias ,plátanos (con piel, todavía no probé sin ella, hummm es un idea...), ciruelas y uvas a modo de bolas chinas con la agradable sensación de introducirlas y su absorción , etc.
Decidí introducir novedades y comencé a depilarme el culo y los huevos. Un amigo me había dicho que lo hacía hacía años, y lo cierto es que los actores también lo hacían y me parecía más estético y más higiénico, sin olores y ya que a mí me encanta en las mujeres, qué menos que predicar con el ejemplo. Un buen baño o ducha caliente, espuma, una cuchilla y a afeitar, logrando una sensación de frescor muy agradable. El único problema es que a veces se irrita la piel un par de días, (¿puede alguna/o que se depile decirme cómo evitarlo y qué métodos usar? Si lo sabéis escribidme por favor a mi dirección al final del relato, para eso o para cualquier duda o consulta).
En otra ocasión vi a una tía buenísima meterse una ducha por el culo, con un chorro de agua finísimo reteniendo el agua en su interior y me puso a mil. Estaba totalmente llena, y creo que me imaginé a mí mismo como si mi polla fuese la ducha metiéndose por su suave culito, y el agua fuese mi leche caliente derramándose en un chorro continuado dentro de ella, dándole de pie por detrás, mientras le agarro las tetas con una mano, mi pecho contra su espalda y con la otra mano acaricio su clítoris y me empapo con los jugos de su dulce coño chorreante mientras ella gira su cabeza para que nuestras bocas se fundan en una y nuestras lenguas intercambien sus fluidos.
Mi otra pasión es el la depilación de la zona pública y del ano, ya sea total o un simple arreglo (yo personalmente, también me depilo los sobacos o axilas, pues amén de parecerme más estético, es mucho más higiénico y te evitas olores y sudores, tendiendo a desaparecer esa fea mancha húmeda que aparece en nuestras camisas). Comencé depilando los testículos y el ano a cuchilla, y cortando a tijera muy corto el pelo del pubis, luego probé con cremas depilatorias pero producían aún más escozor, así que sigo con el rasurado. En cierta ocasión, hará dos meses me depilé entero y lo cierto es que la sensación es muy agradable. En todo caso con la depilación además de conseguir mayor higiene conseguiréis, los hombres, que vuestro pene parezca o luzca bastante mayor, y las mujeres por lo general excitarán mucho más a hombres y mujeres, haciendo mucho más accesible y placentera su rajita, para una buena comida de coño.
¿Sabéis que la depilación era una costumbre en el antiguo Egipto? Los hombres de cualquier condición para entrar en los templos debían depilarse completamente todo el vello corporal, desde la cabeza a los pies pasando por todos los rincones de su cuerpo. Hoy dada día más hombres se depilan como bien podéis ver en numerosos artículos y como sabréis todos y todas los que estéis al tanto de las costumbres sexuales actuales.
No me negaréis que una mujer totalmente depilada o con muy poco vello público, y evidentemente sin pelos en el culo, está mucho más guapa, pudiendo ver el brillo de sus cálidos jugos empapando su piel... y si a nosotros nos gusta, ¿pensáis que a ellas no les gusta que nos arreglemos para ellas? Y si alguna os dice que parecéis menos viriles, ponedle alguna peli porno, que vea cómo todos los actores se depilan y luego que os diga a ver si todavía cree que son poco viriles.
Espero que mi historia anime a hombres y mujeres que estuviesen indecisos en probar estos placeres. Si yo hubiese sabido antes estas cosas, las habría probado mucho antes. Me gustaría que todas y todos los que compartáis  mis aficiones y tengáis nuevas ideas o queráis comentar algo sobre las expuestas me escribierais  y me comentarais cómo practicarlas, o si queréis aclarar algún punto escribidme a mi dirección  luisscj@latinmail.com  que con mucho gusto os contestaré. Espero que alguna/o me aconseje sobre la depilación.
Desgraciadamente a mis novias hasta ahora no les gustaba el sexo anal, así que espero encontrar un día  a alguna mujer guapa e inteligente que disfrute con esa práctica, y que me haga disfrutar a mí tanto como yo le haré gozar a ella comiendo su boca, su coñito, su culo...se me olvidó deciros que soy de Gijón (Asturias) así que si alguna es de la zona o está de paso, aquí me tiene.
En todo caso, a los más osados os recomiendo que intentéis la masturbación anal, y luego si os atrevéis, probad con vuestras novias y que os lo hagan a vosotros. Más de una amiga me ha confesado que le gustaría durante el sexo meter un dedo en el culo al hombre que está con ella, y que la simple idea la pone a mil, ¿os imagináis complaciéndola?
Concluyendo: el PLACER ANAL es una realidad. Un nuevo paraíso de placer está más cerca de lo que pudierais pensar, ¿os atreveréis a cruzar la puerta. 
Fin.

Pelicula

Bueno como participo de varias listas y foros recibo mucha información y aquí algunas películas para disfrutar.
Aclaro esto ya que es imposible citar la fuente puesto que en estos sitios este materia es linkeado de otros sitios




7.8.12

Pelicula


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Fuente: La Web